Algunas reflexiones sobre el Grupo Pellas, Nicaragua Sugar y la IRC

 ¿UN MUNDO SIN AZUCAR? 

Por Jorge J Cuadra V 

“La guerra es contra el Yankee,” solemos decir cuando apuntamos nuestro descontento contra alguien notoriamente más fuerte. 

Eso mismo es lo que hacen los que no resisten el éxito empresarial del Grupo Pellas. La guerra es contra la Nicaragua Sugar Estate Ltd, dueña del ingenio azucarero más antiguo, eficiente y poderoso, El Ingenio San Antonio, de Nicaragua. Este centro de trabajo, modelo de cómo deberían operar todas las empresas del ramo agrícola, es el blanco predilecto de los abanderados de la lucha contra la IRC, empeñados en demostrar que su causa radica en el cultivo de la caña de azúcar. 

Si se aceptara que así fuera, entonces deberían enderezar sus cañones desde el departamento de Rivas hasta el extenso municipio de El Viejo en el departamento de Chinandega, porque esa es prácticamente la extensión que cubren los verdes cañales de la zona del pacífico. Pero la realidad no es esa. Yo no veo las expresiones de culpabilidad que abundan contra el Grupo Pellas, dirigidas contra los propietarios del resto de ingenios del país, como los Cuadra Shultz de Rivas, las cooperativas de lo que fue el ingenio Montelimar y sobre todo contra el Grupo Pantaleón, dueño del Ingenio Monte Rosa. Por esos lados no se ven las filas de entierros de víctimas de la IRC a como los detractores del Grupo Pellas dicen que se ven en las calles de Chichigalpa. ¿Ustedes han sabido que se siembre caña de azúcar en Chacaraseca y que allí exista un ingenio azucarero? Lógicamente no, porque allí no se siembra caña ni para el consumo del día de la gritería, ni existen los rústicos trapiches para fabricar los famosos atados de dulce, sin embargo, allí la IRC causa mortandades de afectados, los cuales se encuentran en el total abandono de parte de estos cruzados de la mortal enfermedad. 

Si se acepta que este mal se debe al abuso y mal uso de los agroquímicos en los cultivos, entonces el departamento de Chinandega sería un cementerio de víctimas de la IRC, porque ningún cultivo ha usado más agroquímicos que el algodón y el departamento de Chinandega pasó cultivándolo desde 1950 hasta 1994. Casi 45 años empapando el ambiente, no con un agroquímico tóxico, sino con por lo menos cuatro o cinco, haciendo un promedio de 15 aplicaciones aéreas por ciclo agrícola. Si comparamos esas cantidades de venenos tóxicos con los que se usan en el cultivo de la caña de azúcar, la diferencia es abismal. 

La mala intención de los que se alzan como defensores de las supuestas víctimas del Ingenio San Antonio, es manifiesta al exagerar los hechos, como por ejemplo afirmar que el Ingenio San Antonio siembra ciento cuarenta y cuatro mil manzanas de caña. Eso es un solemne disparate producto de la ignorancia y la mala fe. Entre propias y las que pertenecen a los colonos, las manzanas cultivadas por el ISA si acaso se acercan a las cuarenta mil. 

La existencia de la IRC no se puede negar, es un hecho, pero la verdad es que actualmente no se ha podido determinar con certeza que es lo que la produce. Para poner un ejemplo: Yo tuve un chofer que jamás trabajó en ningún ingenio de azúcar y murió recientemente víctima de la IRC. ¿Acaso me va a demandar su viuda por la tragedia que lo afectó? 

Lo más que se puede decir con cierta propiedad es que la IRC es producto de la deshidratación, posiblemente acompañada por el hábito de tomar licor y esa es la razón del por que las víctimas de la IRC son en su inmensa mayoría del sexo masculino. Lo que abunda entre las víctimas de la IRC son las viudas no los viudos y no se puede decir por eso que la IRC sea una enfermedad de género. 

Tanto el Ingenio San Antonio, como con toda seguridad el Ingenio Monte Rosa y ciertamente Fundación Coen, están haciendo las investigaciones del caso para ver si se puede llegar a saber la verdadera razón de la enfermedad, para así erradicarla por completo, en el entendido que no es cosa de un día sino de muchos años de investigación. 

La envidia es mala consejera, nos hace decir falsedades y cometer muchos errores. En el caso que me ocupa, es notoria la ceguera de los enemigos del Grupo Pellas, los cuales pretenden no ver las abundantes obras de carácter social que el ISA lleva a cabo, sobre todo en el ramo de la educación, sin embargo, ellos se ríen de las mochilas escolares y de los pupitres y de las escuelas que el ISA dona, poniendo de manifiesto el cáncer que les corroe el espíritu y que les impide valorar lo que significan esas donaciones en un país rodeado de tanta pobreza. 

El Grupo Pellas es una realidad y es producto, no de la corrupción que está tan de moda en estos tiempos, sino del trabajo continuo a lo largo de más de cien años, acompañado de la eficiencia y del éxito. Por algo han perdurado desde finales del siglo XIX hasta comienzos del XXI y siempre in crescendo. 

 

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